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jueves, 31 de octubre de 2013

Un plan para mantener tu alma en forma







(b) No seas un “soldado solitario”. No es una casualidad que el Antiguo Testamento contenga la historia del pueblo de Dios y que las epístolas fueran escritas a congregaciones. Crecemos al relacionarnos y no cuando nos aislamos;
(c) Vigila tu manera de pensar: “El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz...” (Romanos 8:6). Practica la “administración mental”;

(d) Acuéstate y despiértate sumergido/a en gratitud. Esto transformará tu día. “Dad gracias en todo...” (1 Tesalonicenses 5:18);

(e) Rehuye de todo lo que te distraiga del Señor. Tira la lectura basura que tengas y si tienes agallas, haz lo mismo con la televisión;

(f) Que nunca te falte misericordia. Philip Yancey escribió: “Me maravillo ante la humildad de Dios queriendo vivir dentro de sus criaturas imperfectas... ¿Muestro yo la misma actitud hacia las personas con las que no estoy de acuerdo?;

(g) Sé específico y no vuelvas a generalizar cuando hables de tu fe. Pablo no se avergonzó del evangelio (lee Romanos 1:16), ni tú tampoco deberías;

(h) Sé amable con las personas que te molestan. El Señor también las eligió a ellas. Algunas veces es más fácil ser gentil con no creyentes que con cristianos rígidos y moralistas. Pero eso sólo te hace ser tan sentencioso como ellos;

(i) Perdona a los que te han herido. Albergar odio dificulta la sanidad, así que, lleva tus heridas a Dios.

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