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martes, 18 de febrero de 2014

Un plan para mantener tu alma en forma






“...YO DESEO... Y QUE TENGAS SALUD, ASÍ COMO PROSPERA TU ALMA” (3 Juan 2)

Todos sabemos lo importante que es la salud física; aquí tienes un plan para mantener tu alma en forma:

(a) No cuestiones tu fe, cuestiona tus dudas. Gastamos mucho tiempo dudando y viendo la fe como algo que no sirve para. Sin embargo, las promesas del Señor son para los “creyentes”;

(b) No seas un “soldado solitario”. No es una casualidad que el Antiguo Testamento contenga la historia del pueblo de Dios y que las epístolas fueran escritas a congregaciones. Crecemos al relacionarnos y no cuando nos aislamos;

(c) Vigila tu manera de pensar: “El ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz...” (Romanos 8:6).
Practica la “administración mental”;

(d) Acuéstate y despiértate sumergido/a en gratitud. Esto transformará tu día. “Dad gracias en todo...” (1 Tesalonicenses 5:18);

(e) Rehuye de todo lo que te distraiga del Señor. Tira la lectura basura que tengas y si tienes agallas, haz lo mismo con la televisión;

(f) Que nunca te falte misericordia. Philip Yancey escribió: “Me maravillo ante la humildad de Dios queriendo vivir dentro de sus criaturas imperfectas... ¿Muestro yo la misma actitud hacia las personas con las que no estoy de acuerdo?;

(g) Sé específico y no vuelvas a generalizar cuando hables de tu fe. Pablo no se avergonzó del evangelio (lee Romanos 1:16), ni tú tampoco deberías;

(h) Sé amable con las personas que te molestan. El Señor también las eligió a ellas. Algunas veces es más fácil ser gentil con no creyentes que con cristianos rígidos y moralistas. Pero eso sólo te hace ser tan sentencioso como ellos;

(i) Perdona a los que te han herido. Albergar odio dificulta la sanidad, así que, lleva tus heridas a Dios.

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