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viernes, 30 de octubre de 2015

Él Transforma tu vida para para brillar






A nadie le gusta pasar por momentos malos, ni la idea de que las cosas nos salgan mal, pero es parte de nuestro desarrollo emocional y espiritual.

Para levantar una construcción se necesita ladrillo, cal, cemento y arena, ahora bien, ¿que pasaría si tratara de unir los ladrillos solo con arena? No se pegarían; ¿y si trato de unir nada mas con cal? tampoco sirve, todo caería en segundos, entonces lo lógico sería preparar los elementos con las medidas correctas para una buena y fuerte construcción, así es nuestro andar en la vida. Como dice el refrán: "Una de cal y una de arena". Muchas veces hemos pasado por momentos de alegría y otros de tristezas, esperamos que la vida sea todo de color de rosas sin espinas, pero parte de nuestro crecimiento y madurez se debe al haber experimentado golpes, lagrimas, fracasos y pérdidas.

Somos hechuras de Dios Efesios 2:10

“Vamos en aumento como la luz de la aurora”. Si nos hubiera sido todo fácil, si tuviéramos todo servido, o nos guardarían dentro de una cajita de cristal para que nadie nos lastime y no sabríamos lo que es un dolor, pues seriamos personas, casi sin sentimientos porque no pudimos experimentar una falta.

Si fuera todo lo contrario y solo recibimos golpes, maltratos, sin ningún tipo de contacto físico ni palabras de afecto, sería atroz. Se ha comprobado que en niños que fueron abandonados y criados en orfanatos donde solo se le asistía para darle de comer e higienizarlos sin contacto físico, ni abrazos, ni caricias, estos niños sufren de una enfermedad llamado marasmo (apatía profunda), cuando son adultos no saben dar ningún tipo de afecto.“No se puede dar lo que no se tiene”.

A nadie le gusta pasar por momentos malos, ni la idea de que las cosas nos salgan mal, pero es parte de nuestro desarrollo emocional y espiritual.

Quizás te preguntes: ¿Dios quiere esto para mi vida? claro que no, pero por causa de nuestra naturaleza pecaminosa es necesario que pasemos por situaciones difíciles, porque tenemos que entender y aprender a tomar lo bueno y desechar lo malo, porque es parte del proceso de cambio para ir camino a la santidad, ya que en Su Palabra dice: "Sin santidad nadie verá al Señor".

También Dios nos dice que todas las cosas negativas, toda circunstancia no grata, todo, todo nos ayuda a bien (Romanos 8:28) y así vamos creciendo y madurando y va saliendo lo mejor de nosotros, es casi como ver a una oruga en su crisálida, ésta se va transformando lentamente hasta llegar a su máximo esplendor, y sale a luz esa hermosa mariposa que estaba escondida y envuelta de algo que lo ayudó a desarrollar y fortalecer su cuerpo, su vida misma, para luego tomar el vuelo… el destino que Dios marcó. Nuestra vida está escondida en Cristo y se revela día a día en la medida en que lo buscamos.

Cuando estamos abatidos por la vida, la mejor manera, rápida y segura de salir es desatando adoración a Dios, aunque te resulte difícil, pero es cuando más debemos de alabarlo, en las pruebas.

“En el colegio te dan una lección y luego te toman prueba, la vida te da pruebas y por cada prueba una lección”

Pero lamentablemente muchas veces en los peores momentos buscamos contar una y otra vez el mismo problema a personas que no son aptas para darte la salida que necesitas, éstas son como el equipo contrario de un campeonato de ping-pong, tú le lanzas la pelotita (tu problema) y te la devuelven con más fuerzas y la vuelves a tirar, y así te pasas la vida, sin encontrar respuestas, porque eliges tener una charla horizontal y no vertical. Si en la primera aparición negativa lanzas tu problema hacia arriba donde está Dios, ésta vuelve, pero transformada en solución. Entonces no juegues al ping-pong con tu problema, arrójalo bien lejos. Todo aquello que te aplasta, todo lo que no te deja avanzar, eso que te hace retroceder, y ni siquiera para tomar impulso vayas hacia atrás, siempre mira adelante que Jesús está con los brazos abiertos esperando y disfrutando cada paso que das hacia Él.

Así como se ríe en la vida también se llora y en todo momento dale gracias a Dios, porque detrás de las lágrimas hay una gran victoria y además sacarás provecho, habrás aprendido algo nuevo, habrás logrado empatía para ponerte en el lugar de aquellos que sufren, dolor de soledad, de desprecio, serás sensible al necesitado. La sensibilidad es buena cuando fuimos sanados y si la sabemos aplicar es para ser de bendición a los demás y entonces sabrás reír con los que ríen y llorar con los que lloran y esas lágrimas no caen al vacío, sino que una a una las recoge Dios y lo cambia en alegría y danza.

Cuando leo ese versículo tan corto pero tan profundo y tocante en Juan 11:35 “Jesús lloró” me imagino a Dios Padre cuando vio a su hijo derramar lágrimas, y me digo… "Cuando veo llorar a uno de mis hijos que ya son grandes se me desgarra el corazón, los abrazo, los contengo con mi amor y secan sus lágrimas en mi ropa, cuánto más Papá Dios que entregó a su Hijo y permitió que lo crucificaran por amor a la humanidad entera, creo que al verlo pasar por esa cruz de dolor estoy segura que Él también lloró y se desgarró, así como llora contigo cada vez que estás en tristezas y te abraza, te sostiene y enjuga tus lágrimas, te da nuevas fuerzas y te dice:

"Levántate hij@ mi@ y resplandece, que tu luz ha llegado, y la gloria del Señor brilla sobre ti". (Isaías 60:1) y avanza porque Yo estoy contigo, Yo te sostengo de mis manos, nada ni nadie te puede quitar el lugar, ni lo que te pertenece, porque es tuyo, nadie te va a separar de mi amor por ti. Si hoy estás pasando una situación bien difícil, Dios interviene, porque quiere restaurarte, libertarte y sanarte y entrega en tus manos la victoria y hará de ti una nación grande. Dios hoy desata un milagro en tu vida, créelo. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Palabras para luchar por su matrimonio



Una mujer nos cuenta cómo la historia de un personaje poco conocido de la Biblia la ayudó a encontrar paz en medio de todas las experiencias difíciles maritales. Además, nos recuerda que Dios actúa de distintas formas y a su tiempo, y que debemos aprender a reconocer que solo él puede cambiar situaciones y personas.
Palabras para luchar por su matrimonio
«Me siento cansada de las luchas que tengo», me dijo mi amiga Cindy el otro día. «Mi esposo y yo tenemos tantos problemas últimamente —conflictos familiares, problemas de salud. Me despierto cada mañana y solo trato de poner un pie delante del otro».

Yo conozco ese sentimiento. Diecisiete años de matrimonio nos ha obligado a mi esposo y a mí a ponernos de rodillas incontables veces. Tengo guardada una caja de devocionales usados en una de las repisas del armario de mi habitación. Junto al teléfono, hay tarjetas gastadas con pasajes bíblicos escritos. Algunas veces, tengo tantas luchas que me pregunto si gastaré mi «cuota de gracia» con Dios. En algunas ocasiones, los problemas de la vida exprimen la alegría incluso de los matrimonios más fuertes. Las contrariedades financieras se multiplican; el doctor tiene malas noticias; incluso las continuas demandas de los hijos pueden agobiar a una pareja.

A menudo me preguntaba si la Biblia ofrecía algunas sugerencias prácticas para orar por los desafíos que mi esposo y yo enfrentábamos. Con toda honestidad, muchas veces buscaba en el Nuevo Testamento ya que nunca había sido una fuerte partidaria del Antiguo Testamento. Las historias de todos esos reyes que luchaban entre sí siempre me parecieron irrelevantes para mi vida.

Por eso, me sorprendí cuando un personaje poco probable del libro de 2 Crónicas: Josafat, rey de Judea, me ayudó en mi matrimonio. A pesar de que sus batallas eran en contra de naciones enemigas y de sus reyes, me di cuenta de que su enfoque nos ayudó a mi esposo y a mí a luchar en contra de las pruebas que enfrentábamos en el siglo XXI.

La oración comunal es poderosa

En 2 Crónicas 20, Josafat recibió la noticia de que un ejército enemigo estaba listo para atacar a Judá. Obviamente, esto alarmó en gran manera al rey. El miedo es una reacción normal —sea usted un soldado o una secretaria.

Josafat reunió a todos en Judá para orar y ayunar por la ayuda de Dios. Jesús nos instruyó a hacer lo mismo: «Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieron de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt18.19–20).

Conozco a cinco parejas que dejarían de hacer cualquier cosa para orar por mi esposo y por mí en cuanto se lo pidamos. Entre estos amigos fieles hay misioneros que sirven en lugares como Etiopía y Nepal. A pesar de que existe una gran distancia entre nosotros, nos podemos contactar con ellos instantáneamente vía correo electrónico. Como sucede con mi esposo y conmigo, sé que para ellos orar por nosotros es como un privilegio.

De igual forma, intercambiar peticiones de oración ha sido un aspecto importante de los pequeños grupos de estudios bíblicos en los que hemos estado. Nuestra fe se fortalece a medida de que somos testigos de las muchas oraciones que han sido contestadas. Este hábito no sólo ha fomentado amistades más fuertes, sino que, cuando ha surgido una necesidad real, nos ha permitido ministrar a otras personas del grupo y a nosotros mismos como pareja.

Las parejas que intentan salir adelante sin el apoyo de otros cristianos renuncian a una fuente de animo y de comunidad que Dios creó para nosotros.

La fidelidad de Dios es verdadera

Después, Josafat guió a todos en una oración unida: «¿No eres tú Dios de los cielos?» (2 Cr 20.6). El rey necesitaba recordarle a su gente que Aquel a quien le estaban orando era todopoderoso y soberano.

«¿No echaste tú los moradores de esta tierra?» (v. 7). El rey recordó lo que Dios había hecho por ellos en el pasado. Capítulos enteros de la Biblia están llenos de historias acerca de la intervención de Dios cuando las situaciones parecen no tener esperanza. Sólo cuando mi esposo y yo reflexionamos acerca de la forma en la que Dios había respondido a nuestras oraciones anteriores, fuimos capaces de confiar en él para nuestro futuro.

Nuestro amigo Paul es un dentista que tiene que jubilarse antes de tiempo debido a una artritis reumática. Con tres hijos aún en edad escolar, las implicaciones de su enfermedad son inciertas. Le pregunté a su esposa como estaban arreglándoselas para el futuro incierto. Ella me respondió que estarían más juntos que nunca.

«Una noche nos quedamos viendo un álbum de fotos», me dijo. «Nos dimos cuenta de todas las veces en las que Dios solucionó las cosas por nosotros. Si Dios ha estado en nuestro matrimonio hasta ahora, sé que estará con nosotros mañana».

Faltan fuerzas

«¡Oh Dios nuestro!» —suplicó Josafat en el versículo 12— «…en nosotros no hay fuerza contra grande multitud que viene contra nosotros…». Josafat admitió que no tenía las fuerzas para enfrentar los desafíos que estaban ante él. Algunas veces Dios permite que ciertas situaciones surjan en el matrimonio por esta misma razón.

Cuando mi esposo, Al, y yo nos casamos, mi sueño era mudarnos a un pequeño pueblo después de que él completara su educación. Al tenía otras aspiraciones. Sólo cuando detuve mi incesable campaña y le pedí a Dios que trabajara en nuestro futuro, vi como los deseos de mi esposo cambiaban gradualmente. Sin embargo, primero tuve que admitir que ¡yo no podía hacer nada para cambiarlo!

«No sabemos qué hacer» —prosiguió el rey— «y a ti volvemos nuestros ojos ». Aquí es donde Josafat cambió la atención del pueblo. Quitó sus ojos de la crisis y adoró a Dios. Sinceramente, esta acción contradice mi tendencia natural. Tiendo a dar vueltas en la cama cuando estoy irritada y eso mantiene a mi esposo despierto. Sin embargo, pocos problemas se resuelven a la una de la mañana. Hasta hace poco aprendí que es mejor dejar que Al duerma, mientras yo paso esas horas de la madrugada adorando a Dios.

Las oraciones de alabanza y adoración no manan naturalmente cuando me siento ansiosa o distraída. He encontrado de gran ayuda usar las palabras de otros cuando las mías no fluyen fácilmente. Los Salmos son excelentes versículos para empezar, y un viejo himno de la iglesia es un buen recurso para tener a mano. Aun cuando admito mi incapacidad para orar como debiera, Dios me muestra el camino a través de aquellos que han ido antes que mí.

La respuesta de Dios vendrá a su tiempo

Por medio de un sacerdote, Dios le hablo a Josefat: «No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande». ¿Porque? «Porque no es vuestra la guerra, sino de Dios» (v. 15). El final de la historia prueba esto. Cuando el ejército de Judá llegó hasta el campo de batalla, encontraron solo cuerpos que yacían por todas partes. Sus enemigos se destruyeron entre sí, y Josafat y ¡su gente no tuvieron que pelear del todo!

No quiero decir que con un poco de oración todos los problemas se resolverán. Algunas veces debemos esperar pacientemente a que Dios dirija las situaciones que llevan a las respuestas. Como un experto jugador de ajedrez cuyas movidas no son rápidamente discernidas por su oponente, Dios a menudo arregla los eventos y las circunstancias que sólo pueden entenderse en su retrospección.

Cuando mi vecina Claire aceptó a Cristo durante un almuerzo de oración, oró por su esposo para que él también se convirtiera. Claire nunca imaginó que un cambio inesperado en el trabajo de su esposo lo pusiera en contacto con un anciano de la iglesia donde ella asistía. A pesar de que su esposo aún no ha hecho una decisión por Cristo, Claire ha visto como su corazón se ha suavizado con respecto a las cosas espirituales gracias a que la amistad con este hombre ha crecido. Ella sabe que Dios escuchó su oración y que se ha dedicado a su causa.

Cuando pedimos con fe y sin ninguna duda (Santiago 1.6), Dios nos hace conscientes del camino que él esta preparando. Nos damos cuenta de que él está más que dispuesto en ayudarnos a enfrentarnos a los desafíos maritales. La batalla no es sólo en contra de las situaciones que vivimos; sino también de la capacidad que tienen estas para hacernos caer. Satanás gustosamente usaría estas circunstancias para destruir la confirmación y la unidad de nuestro matrimonio. Sólo a través del poder de la oración tenemos los recursos para pelear con este enemigo.

Mientras intercedo todos los días por mi relación con Al, encuentro la fuerza que necesito para marchar en esta batalla por mi matrimonio.

Donna Doornik, oradora y escritora, vive con su familia en California. Título del original: Fighting Words. Copyright © 2004 por el autor o por Christianity Today International/Marriage Partnership magazine. Usado con permiso

lunes, 19 de octubre de 2015

No Te Rindas No está muerto quien pelea.





Todos, en algún momento de la vida, hemos sentido que todo está perdido; que no tenemos ninguna oportunidad para salir adelante. Seguro que no falta el “amigo” que, con una falsa cara de dolor, nos diga que lo siente mucho pero que no lo intentemos, que ya no hay nada que hacer. Frente a esas situaciones tenemos dos posibilidades bien claras y definidas:
1. Nos damos por venidos y entregar todas nuestras “armas” diciendo que nada hay que hacer. Esta es una posibilidad que muchos asumen, declarándose vencidos antes de salir al último asalto. Esa opción nos deja amargados, tristes y derrotados. Es una decisión que nos deja con la pregunta interior de qué hubiera pasado si hubiéramos intentado un último esfuerzo. No es extraña este tipo de actitudes en una sociedad que predica el facilismo, la magia y teorías que invitan a alcanzar el éxito o el triunfo sin el esfuerzo necesario. Es fácil tomar la decisión de dejarse vencer por la situación, pero es difícil aceptar las consecuencias que se derivan después.

2. Dar la batalla con todas las fuerzas y luchar con la seguridad que todo se puede revertir y que toda adversidad se puede vencer. Para ello hay que prepararse, elegir la mejor estrategia y luchar con todas las fuerzas. Es la decisión de ir a la batalla a dar lo mejor. Por supuesto que estamos arriesgándonos, porque uno va a la pelea sabiendo que es posible que salgamos derrotados; pero y qué, igual perderemos si no lo intentamos. Pero hay una diferencia entre estos que nos se mueren hasta que se mueren, y los que no pierden los partidos hasta que se acaban.

Te propongo que no te desanimes frente a las adversidades, que no creas que ya estás perdido, que seas capaz de ceñirte como un valiente y enfrentar esa adversidad –por muy difícil que parezca- con la certeza de que vas a vencer. Puedes darte por vencido, puedes tirar la toalla pero, insisto, hay diferencias entre perder sin intentarlo o perder dando la batalla. Por eso saca fuerzas de desde dentro y date cuenta que puedes hacer lo mejor. Creo que debes trabajar sobre tres confianzas fundamentales para toda batalla:
1. Confía en ti mismo, para ello debes tener claro que eres una persona con las aptitudes que se requieren para la batalla, sabiendo que Dios ha puesto en tu corazón muchos talentos que no puedes despreciar. Esa confianza en ti se debe manifestar en una actitud decidida y constante.

2. También hay que confiar en aquellos con quienes hago equipo. Siempre necesitamos ayuda y es necesario creerle al otro. Saber que igual que yo, los que me rodean tienen valores, aportan cosas importantes, son talentosos. En la vida no sólo basta con lo que hago, siempre necesito un aporte más que yo mismo no puedo dar. Y en mi equipo hay quienes tienen esa ayuda oportuna que requiero.

3. Y, claro, una confianza plena y total en Dios. Él es el Dueño de la vida, y nos da su ayuda siempre. Ayuda que implica nuestro esfuerzo y no es mágica. Estoy seguro de que con esas confianzas y un plan de trabajo inteligente y real, podremos revertir todas las situaciones difíciles que tenemos; y si no tendremos la satisfacción de haber dado todo, esto no nos quita el dolor de la derrota, pero nos da un fresquito que nos hace sentir mejor.

Eso fue lo que les dije a los jugadores de Junior el martes antes del partido. Ellos, que son auténticos guerreros, lo creyeron e hicieron de ese partido una experiencia de triunfo que los junioristas no van a olvidar pues forma parte de las leyendas que tendrán para contar a sus hijos. Ahora no toca a nosotros mostrar que también podemos dar la batalla y ganarla; de tal manera que podamos sonreír. Creo en ti y estoy seguro que puedes hacer lo mejor. Ánimo.

lunes, 12 de octubre de 2015

Viviendo sin miedo al futuro





Una clave para leer toda la historia de salvación es Promesa-cumplimiento. Dios siempre está prometiendo algo que sirve para jalonar al pueblo, y siempre lo realiza con su poder. Sabiendo que Dios no se agota en el cumplimiento sino que siempre se genera otra promesa que seguirá guiando el caminar de su pueblo. Estoy seguro que el sentido de estas promesas es darnos seguridad frente al futuro que siempre se nos muestra tan enigmático y nos produce mucho temor. De hecho la pregunta ¿Qué nos traerá el mañana? Siempre nos persigue y nos hace sufrir, porque de alguna manera nosotros no podemos garantizar que el tiempo futuro será lo mejor para cada uno de nosotros. No lo podemos garantizar y esa es una condición humana que tenemos que aceptar. Los que tenemos fe estamos seguros que Dios si lo puede hacer: El nos garantiza que en nuestra vida habrá bendición y que si lo seguimos saldremos adelante en todas las batallas, las adversidades, las derrotas y las enfermedades que tengamos que vivir. El Dios de la promesa, el Dios único y verdadero que se ha revelado plenamente en Jesús de Nazaret, nos asegura actuar con fuerza y poder en nuestras vidas, eso es lo que llamamos promesas. “…porque el Hijo de Dios, Jesucristo, el que nosotros con Silvano y Timoteo les predicamos, no fue un sí y un no, ya que en él se cumplió el sí; en efecto, en él todas las promesas de Dios cumplieron el sí, y así nosotros por Él respondemos amén…” (2Corintios 1,19-20). Eso es lo que hoy te quiero comunicar a ti, que me lees en este momento: Tú confías en un Dios que cumple su promesa y que te ha prometido felicidad y plenitud. Eso sí, tú tienes que vivir según la Palabra que El te ha revelado y asumiendo la propuesta existencial que Él te ha hecho (Juan 14,6). Desde esta actitud existencial tenemos que enfrentar la vida. No podemos temerle al futuro ni podemos vivir presos del miedo que la incertidumbre nos ocasiona. Tener fe nos debe hacer vivir confiados en Dios. Una fe que no nos da la paz suficiente para enfrentar el presente con dedicación, inteligencia, compromiso y saber que el futuro será bendición, no nos sirve. Una fe que no nos salve del sin-sentido, del no saber que nos va a suceder es inútil, pero una fe que no nos comprometa con el presente y no nos haga luchar y dar lo mejor de cada uno, es alienación. En esa tensión tenemos que vivir nuestra relación con Jesús. Tengamos claro, nosotros no estamos confiando en algo que probablemente se va a cumplir, sino que tenemos la certeza de la fe que todo eso es una realidad en Jesús, el hijo de Dios. Es por eso que hoy quisiera que experimentaras la tranquilidad y la serenidad de saberte amado y bendecido por quien es el Dueño de todo, aún del tiempo, y que no permitirá que nada te destruya y te deje sin posibilidades. No es una acción mágica, es una acción que exige nuestro esfuerzo y nuestro trabajo. No se trata de creer en las promesas y ya, me echo sobre la poltrona de la vida a esperar que Dios la cumpla. No. Se trata de luchar, de vivir en el amor, de hacer lo que Dios quiere que hagamos; así a veces tengas que enfrentar al “mundo” entero por hacerlo. Si luchas y vives a su manera verás su gloria y su poder. Meditar las promesas que Dios nos ha hecho tiene que ser motivo de alegría y de gozo en cada una de nuestras actividades, porque es la constatación que podremos salir adelante en cada una de las batallas que estamos teniendo por estos días. En vez de llorar o de lamentarte hoy tienes que pensar en que todas las promesas de Bendición que Dios te ha hecho son una realidad y la vas a disfrutar. Todo lo que venga será bendición y así lo vamos a vivir y a celebrar. No tengas miedo que Dios está a tu lado y su Gloria se derramara sobre ti. Animo. Hay que ser un verdadero luchador y tú lo eres. A confiar y a seguir adelante.

sábado, 10 de octubre de 2015

El Dios de la victoria, que está contigo en las derrotas






Saber presente a Dios en nuestra historia cuando las dificultades arrecian y la vida está complicada hasta el punto de parecer que no tiene sentido es muy difícil. ¿Cómo creer que Él nos protege y nos cuida pero nos está yendo mal y estamos siendo derrotados?, ¿cómo creer que me ama si estoy postrado enfermo en una cama?, ¿cómo creer que es bueno si los buenos sufren y los malos ganan? Así se lo dice Gedeón cuando el ángel del Señor le dice Dios está contigo: ¡El Señor está contigo, guerrero valiente! —Pero, señor —replicó Gedeón—, si el Señor está con nosotros, ¿cómo es que nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas las maravillas que nos contaban nuestros padres, cuando decían: “¡El Señor nos sacó de Egipto!”? ¡La verdad es que el Señor nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián! (Jueves 6,12-13) Tiene razón Gedeón ¿cómo así que Dios está con nosotros y nos está yendo así de mal? ¿Cómo es que nos ama? Parece lógica la conclusión de este juez de Israel: Dios nos ha desamparado. En los actuales momentos, alguno dirá: definitivamente Dios no existe. Esta es una de las tentaciones más fuertes que tiene el hombre: creer que la prosperidad, la fama, el poder, la estupenda salud, son garantías de la presencia de Dios o que su ausencia es signo de su abandono. Como si a Dios se le midiera en esas experiencias materiales. Dios tienes que ser mucho más que eso. Dios está presente en todos los momentos de la vida y lo está para que seamos felices. La única manera de creer en Dios es ser capaz de trascender a las situaciones inmediatas que se viven. Si nos quedamos en ellas, te aseguro que creer no va a ser posible. Es necesario que ubiquemos la situación en un proyecto mayor, que es nuestra historia de salvación, y que entendamos que debe tener un sentido y una razón en ese proyecto. No podemos mirar sólo las situaciones difíciles, sino que debemos pensar en perspectiva. Si no le encontramos el sentido a esa situación que estamos viviendo, seguro nos va a hacer sufrir más de lo debido y muy probablemente viviremos una crisis de fe innecesaria. ¿En qué me hace crecer esta situación? ¿Qué valores se están fortaleciendo en esta batalla? Creo que esas preguntas te ayudan a comprender el sentido de esas situaciones. No creo que se trate de sufrir por sufrir. Eso implicaría un Dios cruel que no es aquel que se nos ha revelado en la Palabra. “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman…”. (Romanos 8,28). Tenemos que estar seguros de que si estamos metidos en una situación tan difícil es porque algo hay que aprender. No creo que sea enteramente casual. También es posible que algo hayamos hecho para estar en esa situación, muchos de esos problemas nos los buscamos. O puede que se trate de nuestra condición humana –somos de barro y no de acero- y por eso nos enfermamos y tenemos que lidiar con la posibilidad de la muerte física. Para ello necesitamos aprender a confiar en que Dios nunca nos abandona y a tener una buena experiencia de oración. Estoy seguro de que no hay mejor actitud en éstas situaciones difíciles que luchar con todo y confiar en el Señor que todo lo puede. Me gusta meditar lo que el ángel del Señor le responde a Gedéon ante su duda, no entra en una discusión filosófico-teológica sobre Dios y dsus manifestaciones sino que le dice: El Señor lo encaró y le dijo: —Ve con la fuerza que tienes, y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te envía. (Jueces 6,14). Sí claro, ten la certeza que Él te ha enviado y sal a luchar. No te quejes más. No te regodees en el dolor. No busques ser víctima. Tienes la fuerza de Dios en tu corazón, sal a luchar, a vencer y a dar lo mejor de ti. Estoy seguro de que lo lograrás, como lo logro Gedeón quien derrotó a los Madianitas.

martes, 6 de octubre de 2015

Superando adversidades





Superando adversidades

Los seres humanos muy pocas veces nos detenemos a reflexionar a cerca de nuestra tarea ante las dificultades que, a diario, se nos presentan. A veces nos convertimos en expertos en volver más complicada la vida misma. De hecho la vida tiene muchos afanes que si no existiesen la vida sería un tanto aburrida, pues no ejercitaríamos esa capacidad de resolver las diferentes situaciones adversas de la vida. No digo que los problemas hacen la vida más divertida, pues eso sería un despropósito, lo que quiero es que cada uno de nosotros pueda ir más allá del problema mismo; es decir, las dificultades se te presentan como retos para resolver, la tarea no es volver más complicada la situación, sino darle solución. Eso requiere que en primer lugar te llenes de calma y no caigas en el desespero al que a veces nos llevan las situaciones, a que mires las posibles soluciones. Tu madurez y, quizás, tu experiencia, juegan un papel importante, pues tendrás que tomar el camino más acertado para llegar a una solución satisfactoria del problema. No soy el único ser humanos con dificultades, esto no quiere decir que “a mal de muchos consuelo de tontos”, ni mucho menos; pero ese es el primer principio para la solución de las dificultades, pues estas deben ser resueltas, no se trata de dejar las dificultades allí como si estas no existieran, ¡hay que resolverlas!, eso es un hecho. Esta reflexión quiere llevarnos a un cambio de actitud ante la realidad de los problemas que encontramos a diario. Quizá esta no es la última palabra a cerca del modo cómo vamos a darle solución a las diferentes dificultades que hallamos a diario, pero, sí es un buen punto de partida para revisarnos y tratar de ser actores mesurados sin dejarnos llevar por el afán y la desesperación. Si la dificultad no nos pertenece; pero sí nos afecta, debemos tener presente que somos “actores externos”, que entramos a colaborar para dar solución a la dificultad, porque no es nuestro problema. Si no tenemos claro estos puntos seguramente actuaremos de manera equívoca y nos adentraremos en un abismo mental bastante difícil, que nos lleva a considerar que el mundo se nos vino encima y que no hay solución posible. Eso no es cierto, pues estas dotado de las capacidades necesarias para resolver las situaciones que a diario se te presentan. Verás que es necesario tener fe en Dios, nadie puede objetar esto; es necesario que impulsado por esa fe, puedas creer en ti mismo, en que de verdad cuentas con las herramientas necesarias para resolver las situaciones adversas de la vida. Dios está contigo, eres hechura de sus manos, te ha dotado de lo necesario para salir adelante, no equivoques el camino pues a veces los actos humanos equivocados tienen consecuencias poco agradables. Dios está contigo y te ha dado lo necesario para ser feliz.

sábado, 3 de octubre de 2015

PASAJES BIBLICOS PARA VENCER LA TENTACION






1 Corintios 10:13  No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Mateo 5:27-30
27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.30 Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

1 Pedro 2:11  Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma,

Romanos 8:13  porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

Romanos 6:12   reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

 1 Corintios 6:13  Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.

 Gálatas 5:17  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.