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lunes, 31 de marzo de 2014

La belleza que mata





En la búsqueda de la belleza a toda costa: "Las mujeres en los Estados Unidos están arriesgando sus vidas en procedimientos del mercado negro para agrandarse los glúteos, a menudo utilizando materiales para las mejoras en el hogar, tales como la silicona inyectada por personas sin ninguna capacitación médica…

Sea cual sea la razón, están buscando alternativas más baratas a la cirugía plástica, a veces con resultados mortales o de desfiguración" (The Huffington Post, 5 de agosto del 2013). Muchas mujeres "dejan de lado la precaución cuando los procedimientos del mercado negro son los únicos que pueden pagar" (ibídem). El tratamiento de belleza con Botox se utiliza para combatir las arrugas, pero el Botox es un medicamento hecho de la misma bacteria mortal que causa una intoxicación conocida como botulismo (Biblioteca Nacional de Medicina de los EUA). La sociedad engañada  presiona a las mujeres a buscar el "cuerpo perfecto" en lugar del que Dios les dio (Apocalipsis 12:9). Desde el principio, Satanás engañó a la humanidad a creer que podía vivir para siempre (Génesis 3:4), pero cuando la ley de Dios fue quebrantada, la humanidad fue condenada a muerte (Romanos 6:23). La Biblia revela que esta vida física es temporal (Isaías 51: 6; Salmos 102:25-26), pero la verdadera vida viene de Dios a través de Cristo (Juan 6:63). El rey Salomón y el apóstol Pedro describen la verdadera belleza como el carácter interno y la obediencia a Dios, pero la belleza exterior es pasajera (Proverbios 31-31, 1 Pedro 3:4). Cuando Cristo regrese Él enseñará a todas las naciones la verdadera belleza de la mujer cristiana. —Scott Winnail y Justin Ridgeway

sábado, 29 de marzo de 2014

Cinco claves para éxito en el matrimonio






Cuando un hombre y una mujer asumen el compromiso de convertirse en esposos, se acostumbra hacer alguna reunión alegre para celebrar el comienzo de una nueva familia. Una boda es una ocasión festiva, acompañada a menudo de música, flores, familiares y amigos. El matrimonio es uno de los acontecimientos más importantes en la vida de la persona, un compromiso público que marca el comienzo de la vida en común. A veces los esposos pronuncian palabras tradicionales como "en la riqueza y en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte nos separe".
Si usted está planeando su boda, ¿está bien preparado o preparada? Si ya se ha casado, ¿cómo le va con aquel compromiso?
Quizá se pregunte usted: ¿Cómo van los matrimonios de los demás? ¿Son estables? ¿Les va bien?
Las estadísticas sobre tasas de divorcios no son buen augurio para la estabilidad de nuestras sociedades. Pero usted, en su propia vida, puede aplicar estrategias para el éxito en el matrimonio.
Necesitamos fortalecer nuestras familias y nuestros matrimonios. La estabilidad y la salud de una nación dependen en gran medida de la estabilidad y la salud de la familia. Muchas sociedades han lanzado los principios bíblicos por la borda, pero dentro de nuestra propia comunidad y familia usted y yo podemos marcar una diferencia. La Biblia revela no solamente las causas sino también las soluciones a nuestros problemas.
Revela el propósito de nuestra existencia y cuál es nuestro destino. El Dios Creador es quien instituyó el matrimonio. Una vez que usted entienda el propósito y el plan que Dios se propuso llevar a cabo por medio de nuestro Salvador, Jesucristo, verá la importancia espiritual y el profundo significado del matrimonio. El plan de Dios es ampliar su familia espiritual inmortal. Él creó la familia humana a fin de preparar a cada uno de nosotros para un futuro de glorificación. El apóstol Pablo escribió: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra" (Efesios 3:14–15).
El propósito de Dios es crear una familia espiritual. Tan inspiradora verdad debe motivarnos a mejorar nuestras relaciones familiares y matrimoniales. Cuando reconocemos a Dios en nuestro matrimonio, y cuando aplicamos los principios y estrategias que promueven el éxito en la vida familiar, podemos enriquecer, mejorar… ¡e incluso salvar nuestro matrimonio!
Verdaderamente hay claves bíblicas comprobadas que contribuyen al éxito en el matrimonio. Usted necesita saberlas y aplicarlas en su propio caso. O quizá desee darlas a conocer a amigos o parientes que piensan casarse en el futuro cercano. No siempre es fácil ponerlas en práctica, mas el esfuerzo trae grandes recompensas y favorece una relación llena de amor.

Clave 1: Dar el 100 por ciento

Hay una creencia popular de que "en el matrimonio cada uno tiene que dar el 50 por ciento". ¡Este es un error total! Muchas parejas modernas, creyéndose muy esclarecidas, dicen: "Nuestra prioridad es la independencia. Los dos acordamos intelectualmente que vamos a colaborar el uno con el otro, pero aun así, yo me reservaré una ruta de salida personal en caso de que las cosas no resulten". Habría que preguntar: ¿Sobre qué se fundamenta nuestra relación conyugal? ¿Sobre la conveniencia mutua? ¿O es la nuestra una relación con fundamentos bíblicos, que irá adquiriendo más carácter y profundidad a lo largo de nuestra vida? ¿Qué dice la Biblia? Notemos este versículo, que es esencial para una relación feliz y para el carácter que necesitamos tener por toda la eternidad: Hay que… tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: "Mayor felicidad hay en dar que en recibir" (Hechos 20:35, Biblia de Jerusalén).
¡Pocas cosas podemos dar más valiosas que nuestro tiempo! Hace algunos años, cuando yo me dedicaba mucho al deporte, solía faltarle a mi esposa en el sentido de que no pasaba mucho tiempo con ella. Recuerdo aún el momento en que decidí darle de mi tiempo en una actividad especial que le agradaría a ella. Mi esposa quería hacer canotaje pero ese no era mi pasatiempo preferido. Mas hicimos un paseo en canoa en un bonito lago una buena tarde de domingo, rodeados de pinares, cielo azul, aves acuáticas ¡y paz! Lo que yo había considerado un sacrificio de mi tiempo nos condujo hacia a una relación mejor. Mi esposa disfrutó la actividad y agradeció mi esfuerzo. Como dijó Jesús, "mayor felicidad hay en dar que en recibir".
El amor verdadero es dar sin esperar nada a cambio. Cuando los dos miembros de la pareja dan el 100 por ciento, se produce un vínculo firme, un refuerzo grande, que va a garantizar la flexibilidad y la capacidad para hacer frente a crisis y problemas. En cambio, conformarse con un arreglo del 50 por ciento para cada uno ¡asegura que habrá un eslabón débil en la relación! mi tiempo nos condujo hacia a una relación mejor. Mi esposa disfrutó la actividad y agradeció mi esfuerzo. Como dijo Jesús, "mayor felicidad hay en dar que en recibir".
El camino de vida de Dios es el camino de dar. Es la verdadera madurez en la vida y el matrimonio. La Biblia también les enseña a los esposos que den el uno al otro en el aspecto sexual. En el primer siglo, el apóstol Pablo dio estas instrucciones a los gentiles convertidos al cristianismo, que vivían en la ciudad de Corinto, conocida por el desenfreno sexual: "Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia" (1 Corintios 7:2–5).
¿Está usted dispuesto a seguir estas instrucciones? ¿Expresa su afecto con frecuencia a su esposo o esposa? Un abrazo y un beso de saludo y despedida son importantes. Cierta compañía alemana de seguros publicó un informe hace algunos años, con la conclusión de que los hombres que besan a su esposa todos los días son menos propensos a sufrir accidentes y en general tienen más éxito económico que los maridos que no besan a su esposa diariamente. Decidí besar a mi esposa todas las mañanas cuando salía para el trabajo. Un día, me olvidé y al dar reversa con el automóvil, ¡me di contra un árbol! ¡Sobra decir que no dejo de despedirme de beso de ella todas las mañanas!
Comentando sobre el problema humano del egocentrismo, el Dr. John A. Schindler escribió: "La única persona capaz de sentir verdadero afecto es aquella capaz de olvidarse de sí misma y de sus propios intereses inmediatos para situar en primer plano el bien y los intereses de otra persona. Cuando ambos esposos logran hacer esto, no tendrán dificultades ni en lo doméstico ni en lo sexual" (How to Live 365 Days a Year, Cómo vivir 365 días al año, p. 142).
¿Cuántos maridos y mujeres realmente ponen en práctica ese principio? ¿Y cuántos esposos y esposas cristianos lo hacen?

Clave 2: Honrar y respetar al cónyuge

¿Valora usted realmente a su esposo o esposa? ¿Lo respeta o la respeta como un ser humano hecho a imagen de Dios? Estas son las instrucciones de Dios en cuanto a nuestras relaciones con los demás: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3).
Usted necesita estimar y valorar a su cónyuge más que a sí mismo. A los individuos vanidosos y egocéntricos, esto les sonará muy arcaico, pero no deja de ser una ley viviente. Arrepiéntase de su presunción y sus ambiciones egoístas. Dé un vuelco a su actitud. Tenga a su cónyuge en alta estima como futuro hijo o hija de Dios. Y no se deje distraer y molestar por las pequeñeces. Busque y valore las cosas positivas que encuentra en el otro. Y si usted ha maltratado a su cónyuge, sea física o verbalmente, ¡es preciso que se arrepienta! Es preciso que se humille ante Dios y pida su perdón. Igualmente, ¡tiene que pedir perdón a su cónyuge! Sé que a veces es difícil decir "Perdóname"… pero es una palabra que contribuye mucho a sanar y restablecer una relación zozobrante.
¿Cómo manifestamos honra y respeto por nuestro esposo o esposa? Hay muchas maneras, como darle un regalo especial, escuchar atentamente, expresar agradecimiento y mantener siempre un trato cortés en las palabras y el tono de la voz.
¿Es usted paciente con su familia? La paciencia es una manera de manifestar amor, como aprendemos en 1 Corintios 13, el llamado "capítulo del amor". Allí leemos: "El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará" (1 Corintios 13:4–8). Lea ese capítulo. Pídale a Dios que Él le dé la capacidad de adquirir esas cualidades y de aplicarlas en su vida.
¡Usted puede mejorar su matrimonio si escucha al otro, si es comprensivo y si lo respecta como individuo! Tome nota de estas instrucciones vitales que Dios da a los maridos: "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo" (1 Pedro 3:7).
Dios le dice al esposo que honre a su esposa y tenga presente que las mujeres son "coherederas de la gracia de la vida". La clave más importante es quizá entender cómo Dios valora a todo ser humano, y en particular al cónyuge de usted, independientemente de lo que usted opine de él o ella. Todo ser humano en la Tierra tiene la posibilidad de nacer dentro de la familia divina de Dios como hijo o hija de Dios, inmortal y glorificado. El apóstol Pablo nos recuerda el plan que Dios tiene para nosotros: "Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (2 Corintios 6:18).

Clave 3: Ser un ejemplo positivo

El apóstol Pedro dio instrucciones a los cristianos en el sentido de dar un buen ejemplo a su cónyuge no cristiano: "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando vuestra conducta casta y respetuosa" (1 Pedro 3:1–2).
Recuerde: Usted no puede cambiar a otra persona contra su voluntad ¡pero sí se puede cambiar a sí mismo! En la vida familiar y matrimonial, todos tenemos ciertas obligaciones que Dios nos asigna. A los hombres, les dice: Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella" (Efesios 5:25). Usted, como esposo, ¿está cumpliendo sus responsabilidades? Hay esposos y esposas que dan gran importancia a juzgar el comportamiento de su cónyuge a fin de justificar su propia falta de servicio dedicado y fiel. Recordemos que todos estaremos ante el trono del juicio de Cristo, como leemos en Romanos 14:10. ¡Asegúrese de estar cumpliendo las obligaciones que Dios le ha dado para con su esposo o esposa!
Hace años, el jefe de redacción de la revista El Mundo de Mañana, Roderick C. Meredith , escribió dos artículos sobre las obligaciones cristianas de un marido y una mujer. Su artículo, "¡Lo que todo esposo necesita saber!" me ha sido de gran ayuda en mis más de 40 años de matrimonio. En pocas palabras, las obligaciones del marido hacia su mujer corresponden a cinco aspectos: amor y respeto, apoyo y ánimo, liderazgo y guía, ayuda y protección, e inspiración para crecer.
Unos meses antes, el Dr. Meredith había escrito un artículo similar titulado "El verdadero feminismo: ¿una causa perdida?" en el cual esbozaba la cualidades que le ayudan a una mujer a ayudar a su esposo y a toda su familia. Estos aspectos son: receptividad y servicio, ternura y belleza, inteligencia y comprensión, virtud cristiana, y fe, esperanza y valentía.
Cuando aplicamos estas características bíblicas en nuestra vida, enriquecemos la vida de otros y fortalecemos nuestro matrimonio y nuestra familia.
El libro de Tito esboza las obligaciones de la mujer cristiana. En cuanto a las mujeres mayores, dice "que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos" (Tito 2:4). Usted, esposa y madre que está leyendo este artículo, ¿está cumpliendo las obligaciones que Dios le ha asignado? En tal caso, será un ejemplo positivo para su marido. Dios bendecirá nuestros esfuerzos siempre y cuando lo reconozcamos en nuestro matrimonio y le pidamos a Jesucristo que viva su vida en nosotros. Con la ayuda de Dios, esfuércese por ser el mejor esposo o esposa que pueda ser.

Clave 4: Comunicarse en amor

No es raro entre los casados, que cada uno "deje de sintonizar" al otro cuando conversan. Para comunicarse bien, hay que saber escuchar y no sólo hablar. Para entender, es preciso escuchar: Trate de ver el punto de vista del otro. ¡Trate de entender lo que siente y lo que necesita! Demuestre respeto escuchando con toda atención.
El apóstol Pablo nos da un principio fundamental de la buena comunicación: "Hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo" (Efesios 4:15, Biblia de las Américas). Hay personas que hablan la verdad con odio. Pero el cristiano que está madurando en Cristo tiene cuidado de cómo sus palabras afectan a quienes las oyen.
Cuando usted habla con su esposo o esposa, ¿manifiesta interés y cuidado? ¿Comunica respeto? Ciertamente necesitamos ser pacientes el uno con el otro. "El amor es sufrido, es benigno" (1 Corintios 13:4.) ¡Esté siempre atento a hablar la verdad en amor!
En nuestra vida ajetreada, es muy posible que los esposos sigan rumbos diferentes y casi no tengan tiempo de hablarse. ¡Ciertos estudios indican que las parejas pasan menos de 20 minutos a la semana conversando! Los autores Leonard y Natalie Zunin han sugerido la "regla de cuatro minutos" como manera de aprovechar el breve tiempo que tengan juntos. Señalan que el éxito o fracaso de un matrimonio "puede depender de lo que sucede entre un esposo y esposa en sólo ocho minutos del día: cuatro por la mañana al despertar y cuatro al reencontrarse después de un día de trabajo" ("Contacto: los primeros cuatro minutos", p. 133).
Los Zunin señalan, con razón, que el lenguaje, la actitud o la expresión al iniciarse el día pueden afectar toda la relación. Aprendan a expresar una actitud positiva de amor en los primeros cuatro minutos que pasan juntos al comienzo del día. Si hacen este esfuerzo, podrán evitar una discusión accidental o algún rencor innecesario que dure todo el día. Y presten atención especial cuando se reúnan al final del día. Aunque estén cansados, una palabra positiva de ánimo o agradecimiento, un abrazo o un beso, pueden marcar una diferencia grande en la relación durante todo lo que resta del día.

Clave 5: Orar juntos

Muchos de los que leen este artículo posiblemente estén casados con alguien que no es creyente. En tal caso, difícilmente podrían orar con su cónyuge… pero sí pueden orar por él o ella, ¡y por el éxito de su matrimonio! Como se mencionó antes, usted puede ser un ejemplo cristiano para su esposo o esposa. Las Sagradas Escrituras dan estas instrucciones a la persona casada con un no cristiano: "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas" (1 Pedro 3:1). Nuestro ejemplo cristiano de amar y dar al otro puede influir muy positivamente en nuestro esposo o esposa. Notemos que el apóstol resalta la conducta ¡y no el empeño de convencer al otro con argumentos para que adopte nuestra forma de religión!
Claro está que si los dos esposos oran, pueden hacerlo en pareja. Cuando mi esposa y yo oramos, yo suelo comenzar la oración. Al poco tiempo, le hago una señal a mi esposa. Ella ora y cuando termina, yo cierro nuestra oración conjunta. Es increíble cómo la oración conjunta hace salir a flote los pensamientos íntimos y personales. De este modo, a la vez que oramos a Dios, nos damos a conocer el uno a otro de una manera más profunda.
Una de las expresiones que más le agradan a mi esposa es: "Oremos sobre eso". Agradezco su deseo permanente de que Dios participe en nuestro matrimonio y en nuestra vida en común. Todos necesitamos reconocer a nuestro Dios y Salvador en cada aspecto de la vida. Las Escrituras nos exhortan así: "Fíate del Eterno de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas" (Proverbios 3:5–6).
El matrimonio exige trabajo y esfuerzo y es preciso cultivarlo continuamente para que salga adelante. En el matrimonio hay que dar el todo para cumplir las responsabilidades que Dios nos ha dado como esposo y como esposa. Habrá obstáculos, diferencias e incluso conflictos. Pero con la ayuda de Dios, usted puede mejorar su matrimonio… ¡y aun salvarlo, si está en peligro!
Ruegue a Dios que le ayude a aplicar estos principios en su vida. Recuerde que no puede obligar a su cónyuge a cambiar… pero sí puede cambiarse a sí mismo con la ayuda de Dios. Al mismo tiempo, su ejemplo de amor y servicio puede tener una enorme influencia en su cónyuge. Recuerde que usted no puede hacerlo por su cuenta. Necesita la ayuda del Salvador en su propia vida. Como dijo el apóstol Pablo, "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Filipenses 4:13). Que Dios lo bendiga, y que bendiga su matrimonio y su familia ¡mientras usted se esfuerza por vivir conforme a su palabra!

martes, 25 de marzo de 2014

Promesas – No tengas miedo de nada…





A veces los problemas son tantos que sentimos que no hay escapada, pero Dios ha prometido que:

Yo soy tu refugio y tu fuerza,
soy tu poderoso defensor en el peligro.
Por eso no temas aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.  Salmo 45

Salmos 3:3
Mas tú, oh SEÑOR, eres escudo en derredor mío, mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

Salmos 18:2
El SEÑOR es mi roca, mi baluarte y mi libertador; mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable.

Salmos 28:7
El SEÑOR es mi fuerza y mi escudo; en El confía mi corazón, y soy socorrido; por tanto, mi corazón se regocija, y le daré gracias con mi cántico.

Salmos 119:114
Tú eres mi escondedero y mi escudo; en tu palabra espero.

Salmos 144:2
Misericordia mía y fortaleza mía, mi baluarte y mi libertador, escudo mío en quien me he refugiado, el que sujeta a mi pueblo debajo de mí.

sábado, 22 de marzo de 2014

Reflexiones para momentos difíciles






Hay momentos en nuestra vida en los que creemos que todo está perdido, nos duele el corazón, nos sentimos perdidos, sentimos que no valemos nada y que nadie puede ayudarnos, son experiencias en la que nuestra finitud se hace presente demasiado fuerte. Son momentos tristes y, normalmente, tenemos que enfrentarlos solos, pues como dice el poeta: “en momentos de mayor dificultad o de frustración la gran mayoría de los que están a nuestro alrededor se alejan y nos dejan solos”. Recuerdo aquí que el Jesús de Marcos lo sintió en la cruz: “Entonces todos sus discípulos lo abandonaron y huyeron” (Marcos 14,50) y también se sintió así de su Padre Dios al que le obedeció en todo: “Padre porque me has abandonado” (Marcos 16,34). El también vivió esos momentos terribles y devastadores que nos invitan a no seguir adelante.
Todos pasamos por esas situaciones y también, todos experimentamos la tentación de tirar todo a la basura y de decir ya no vale la pena seguir adelante. Son instantes de la vida en los que uno se pregunta para qué nació o para qué estar vivo; ideas de muerte pasan por nuestras mentes y se nos presentan como una oportunidad. Es obvio que la solución no es tirar todo a la basura y dejarse morir, eso no es solucionar un problema sino generar uno que no sabemos de qué dimensión es. Son los momentos en los que hay que animarse, fortalecerse, motivarse y estar dispuesto a que todo sea mejor. Hay que hacer algo, tenemos que seguir batallando.

He tenido muchos momentos de esos. Tengo que darle gracias a Dios que he podido salir delante de cada uno de ellos. Muchas veces las derrotas, las soledades, las frustraciones, etc., me han puesto en situaciones límites que me han producido angustias, depresiones y tristezas. Seguro que mi experiencia de Dios y los valores en los que he sido formado han sido fundamentales para salir adelante. Les comparto unas reflexiones al respecto, por lo menos es lo que hago cuando estoy en esas situaciones.

1. Hay que asumir la derrota, la frustración, el error, el resultado negativo. Esto es, hay que aceptar que estamos viviendo un momento duro y difícil. Negarlo es una manera de darle más poder para que nos acabe. Eso forma parte de la vida. Si hay que sufrirlo tendrás que hacerlo. Usar el mecanismo de defensa de la racionalización da algo de paz, pero no quita el problema; por ello, lo mejor es enfrentar la realidad tal cual es y vivir el momento con la total pasión. Embriagarse, drogarse y huir de la situación no es una buena solución, ya que no soluciona nada y sí nos aleja de la preparación necesaria para enfrentar la realidad.

2. Hay que tener claro que siempre hay una oportunidad y hay que aferrarse a ella trabajando duro por alcanzarla. Es muy seguro que en medio de la dificultad no se vea ninguna luz pero siempre la hay y la tenemos que alcanzar. Es decir, asumo mi dolor y mi tristeza, sé que todo está mal, pero estoy seguro de que se puede salir adelante. Esa es la mejor auto-motivación. Es como cuando mi sobrino está haciendo un rompecabezas y ante una pieza que no podemos ubicar siempre me dice, ¡tranquilo, tio, siempre cabe en algún lugar! Te juro que aunque no lo creamos siempre hay una solución.

3. Hay que seguir luchando. La única manera de alcanzar la salida es caminar hacia ella. Cuando peor nos sentimos es cuando más tenemos que trabajar y luchar con más fuerza. Nadie sale de un mal momento sentado y esperando que pase hay que estar en actitud de lucha y tratar de motivarnos en cada momento para encontrar la mejor salida.

4. Hay que mantenerse firme en los valores fundamentales que rigen la vida. Muchas veces esos son los momentos más tentadores para traicionar los valores y salir corriendo a vivir los que se muestran como una inmediata solución. Es el momento de ser fuertes y coherentes con lo que hemos pensado y hemos elegido como fuerzas que coordine nuestra vida.

5. Hay que aferrarse a Dios. Al Dios del amor. Sin fanatismos, sin rezos exagerados sin cultos con lógica comercial –de oro y me das aquello-. Tratando de encontrarlo como el que más nos ama y siempre quiere para nosotros lo mejor. Seguro que con el salimos adelante (Isaías 43,1-7)

Lo importante es entender y comprender que se puede salir adelante, que no todo está perdido y que siempre somos capaces de reír en el futuro de lo que en el presente nos ha hecho llorar.


www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

martes, 18 de marzo de 2014

Lo que necesitas para triunfar





Para triunfar en algo, hay cuatro cosas que debes tener:

(1) Principios morales. ¿Qué estás dispuesto a hacer para llegar a donde quieres llegar? No puedes hacerlo de cualquier manera, debes tener unos límites. Ahora bien, en algún momento, todos hemos trasgredido las reglas. Pero gracias a Dios que disponíamos de reglas para romper. Tenemos la oportunidad de realinearnos porque ha habido Alguien que ha puesto una “estaca” donde se encuentra lo correcto. Parece ser que hoy en día la gente no sabe, o no le importa, dónde está lo apropiado, por carecer de principios bíblicos;

(2) Métodos. Tus métodos son tu “mapa de carreteras”. Un objetivo sin un plan es como una carretera que no te lleva a ninguna parte. Primero hay que tener un objetivo, después un plan y luego viene el proceso. Si adoptas esta simple fórmula de tres pasos, te ayudará a comprender que no alcanzas tu sueño de repente o de un día para otro. Hay métodos que deben ser empleados y aplicados;

(3) Medios. Cuando el Señor te da una visión, busca su provisión. Si no la puedes encontrar, o se te ha acabado el tiempo, o lo que deseas va en contra de lo que Dios quiere para ti. La provisión del Señor puede llegar como una idea que se te ocurre de repente o como un pensamiento que echa raíces y crece dentro de ti con el tiempo. Desde luego, su provisión siempre implicará la ayuda a los demás, así que, lleva amor a donde quiera que vayas;

(4) Administración. Jesús dijo: “...a todo aquél a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará...” (Lucas 12:48b). Algunas personas piensan que todo termina cuando Dios te da algo; no, ¡esto es sólo el principio! Y adivina qué es lo que va a ser el mayor desafío de esa administración: ¡tú mismo! Por eso, el salmista oró: “Ordena mis pasos con tu Palabra...” (Salmo 119:133).

miércoles, 12 de marzo de 2014

Mi Oracion







Estoy disponible Señor para seguir siendo usado por ti hoy, mañana,

y hasta cuando llegue El momento de estar en tu presencia

Guíame padre y orientarme en todo lo que digo, hago y pienso

Que mis palabras y acciones sean testigo de que tú definitivamente vives en mí

A los que llevan cargas pesadas, ayúdame a conocer sus necesidades a orar por

Ellos, que tu palabra a través de mi les de aliento, paz, fortaleza, esperanza

Y continúa haciéndome  más fuerte para no caer en tentación

Sigue  guardando mi hogar, mi esposa, mis hijos, mi familia y por su puesto tu Iglesia

Dame fuerza Salud, Energía y por sobre todo sabiduría para conducirla según tu voluntad.

viernes, 7 de marzo de 2014

Palabras para luchar por su matrimonio






Una mujer nos cuenta cómo la historia de un personaje poco conocido de la Biblia la ayudó a encontrar paz en medio de todas las experiencias difíciles maritales. Además, nos recuerda que Dios actúa de distintas formas y a su tiempo, y que debemos aprender a reconocer que solo él puede cambiar situaciones y personas.
Palabras para luchar por su matrimonio
«Me siento cansada de las luchas que tengo», me dijo mi amiga Cindy el otro día. «Mi esposo y yo tenemos tantos problemas últimamente —conflictos familiares, problemas de salud. Me despierto cada mañana y solo trato de poner un pie delante del otro».

Yo conozco ese sentimiento. Diecisiete años de matrimonio nos ha obligado a mi esposo y a mí a ponernos de rodillas incontables veces. Tengo guardada una caja de devocionales usados en una de las repisas del armario de mi habitación. Junto al teléfono, hay tarjetas gastadas con pasajes bíblicos escritos. Algunas veces, tengo tantas luchas que me pregunto si gastaré mi «cuota de gracia» con Dios. En algunas ocasiones, los problemas de la vida exprimen la alegría incluso de los matrimonios más fuertes. Las contrariedades financieras se multiplican; el doctor tiene malas noticias; incluso las continuas demandas de los hijos pueden agobiar a una pareja.

A menudo me preguntaba si la Biblia ofrecía algunas sugerencias prácticas para orar por los desafíos que mi esposo y yo enfrentábamos. Con toda honestidad, muchas veces buscaba en el Nuevo Testamento ya que nunca había sido una fuerte partidaria del Antiguo Testamento. Las historias de todos esos reyes que luchaban entre sí siempre me parecieron irrelevantes para mi vida.

Por eso, me sorprendí cuando un personaje poco probable del libro de 2 Crónicas: Josafat, rey de Judea, me ayudó en mi matrimonio. A pesar de que sus batallas eran en contra de naciones enemigas y de sus reyes, me di cuenta de que su enfoque nos ayudó a mi esposo y a mí a luchar en contra de las pruebas que enfrentábamos en el siglo XXI.

La oración comunal es poderosa

En 2 Crónicas 20, Josafat recibió la noticia de que un ejército enemigo estaba listo para atacar a Judá. Obviamente, esto alarmó en gran manera al rey. El miedo es una reacción normal —sea usted un soldado o una secretaria.

Josafat reunió a todos en Judá para orar y ayunar por la ayuda de Dios. Jesús nos instruyó a hacer lo mismo: «Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieron de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt18.19–20).

Conozco a cinco parejas que dejarían de hacer cualquier cosa para orar por mi esposo y por mí en cuanto se lo pidamos. Entre estos amigos fieles hay misioneros que sirven en lugares como Etiopía y Nepal. A pesar de que existe una gran distancia entre nosotros, nos podemos contactar con ellos instantáneamente vía correo electrónico. Como sucede con mi esposo y conmigo, sé que para ellos orar por nosotros es como un privilegio.

De igual forma, intercambiar peticiones de oración ha sido un aspecto importante de los pequeños grupos de estudios bíblicos en los que hemos estado. Nuestra fe se fortalece a medida de que somos testigos de las muchas oraciones que han sido contestadas. Este hábito no sólo ha fomentado amistades más fuertes, sino que, cuando ha surgido una necesidad real, nos ha permitido ministrar a otras personas del grupo y a nosotros mismos como pareja.

Las parejas que intentan salir adelante sin el apoyo de otros cristianos renuncian a una fuente de animo y de comunidad que Dios creó para nosotros.

La fidelidad de Dios es verdadera

Después, Josafat guió a todos en una oración unida: «¿No eres tú Dios de los cielos?» (2 Cr 20.6). El rey necesitaba recordarle a su gente que Aquel a quien le estaban orando era todopoderoso y soberano.

«¿No echaste tú los moradores de esta tierra?» (v. 7). El rey recordó lo que Dios había hecho por ellos en el pasado. Capítulos enteros de la Biblia están llenos de historias acerca de la intervención de Dios cuando las situaciones parecen no tener esperanza. Sólo cuando mi esposo y yo reflexionamos acerca de la forma en la que Dios había respondido a nuestras oraciones anteriores, fuimos capaces de confiar en él para nuestro futuro.

Nuestro amigo Paul es un dentista que tiene que jubilarse antes de tiempo debido a una artritis reumática. Con tres hijos aún en edad escolar, las implicaciones de su enfermedad son inciertas. Le pregunté a su esposa como estaban arreglándoselas para el futuro incierto. Ella me respondió que estarían más juntos que nunca.

«Una noche nos quedamos viendo un álbum de fotos», me dijo. «Nos dimos cuenta de todas las veces en las que Dios solucionó las cosas por nosotros. Si Dios ha estado en nuestro matrimonio hasta ahora, sé que estará con nosotros mañana».

Faltan fuerzas

«¡Oh Dios nuestro!» —suplicó Josafat en el versículo 12— «…en nosotros no hay fuerza contra grande multitud que viene contra nosotros…». Josafat admitió que no tenía las fuerzas para enfrentar los desafíos que estaban ante él. Algunas veces Dios permite que ciertas situaciones surjan en el matrimonio por esta misma razón.

Cuando mi esposo, Al, y yo nos casamos, mi sueño era mudarnos a un pequeño pueblo después de que él completara su educación. Al tenía otras aspiraciones. Sólo cuando detuve mi incesable campaña y le pedí a Dios que trabajara en nuestro futuro, vi como los deseos de mi esposo cambiaban gradualmente. Sin embargo, primero tuve que admitir que ¡yo no podía hacer nada para cambiarlo!

«No sabemos qué hacer» —prosiguió el rey— «y a ti volvemos nuestros ojos ». Aquí es donde Josafat cambió la atención del pueblo. Quitó sus ojos de la crisis y adoró a Dios. Sinceramente, esta acción contradice mi tendencia natural. Tiendo a dar vueltas en la cama cuando estoy irritada y eso mantiene a mi esposo despierto. Sin embargo, pocos problemas se resuelven a la una de la mañana. Hasta hace poco aprendí que es mejor dejar que Al duerma, mientras yo paso esas horas de la madrugada adorando a Dios.

Las oraciones de alabanza y adoración no manan naturalmente cuando me siento ansiosa o distraída. He encontrado de gran ayuda usar las palabras de otros cuando las mías no fluyen fácilmente. Los Salmos son excelentes versículos para empezar, y un viejo himno de la iglesia es un buen recurso para tener a mano. Aun cuando admito mi incapacidad para orar como debiera, Dios me muestra el camino a través de aquellos que han ido antes que mí.

La respuesta de Dios vendrá a su tiempo

Por medio de un sacerdote, Dios le hablo a Josefat: «No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande». ¿Porque? «Porque no es vuestra la guerra, sino de Dios» (v. 15). El final de la historia prueba esto. Cuando el ejército de Judá llegó hasta el campo de batalla, encontraron solo cuerpos que yacían por todas partes. Sus enemigos se destruyeron entre sí, y Josafat y ¡su gente no tuvieron que pelear del todo!

No quiero decir que con un poco de oración todos los problemas se resolverán. Algunas veces debemos esperar pacientemente a que Dios dirija las situaciones que llevan a las respuestas. Como un experto jugador de ajedrez cuyas movidas no son rápidamente discernidas por su oponente, Dios a menudo arregla los eventos y las circunstancias que sólo pueden entenderse en su retrospección.

Cuando mi vecina Claire aceptó a Cristo durante un almuerzo de oración, oró por su esposo para que él también se convirtiera. Claire nunca imaginó que un cambio inesperado en el trabajo de su esposo lo pusiera en contacto con un anciano de la iglesia donde ella asistía. A pesar de que su esposo aún no ha hecho una decisión por Cristo, Claire ha visto como su corazón se ha suavizado con respecto a las cosas espirituales gracias a que la amistad con este hombre ha crecido. Ella sabe que Dios escuchó su oración y que se ha dedicado a su causa.

Cuando pedimos con fe y sin ninguna duda (Santiago 1.6), Dios nos hace conscientes del camino que él esta preparando. Nos damos cuenta de que él está más que dispuesto en ayudarnos a enfrentarnos a los desafíos maritales. La batalla no es sólo en contra de las situaciones que vivimos; sino también de la capacidad que tienen estas para hacernos caer. Satanás gustosamente usaría estas circunstancias para destruir la confirmación y la unidad de nuestro matrimonio. Sólo a través del poder de la oración tenemos los recursos para pelear con este enemigo.

Mientras intercedo todos los días por mi relación con Al, encuentro la fuerza que necesito para marchar en esta batalla por mi matrimonio.

Donna Doornik, oradora y escritora, vive con su familia en California. Título del original: Fighting Words. Copyright © 2004 por el autor o por Christianity Today International/Marriage Partnership magazine. Usado con permiso